Felipe Berríos: las esquirlas que dejó su caída dentro de los jesuitas.

(Amelia Eguiguren. La Tercera).

La caída de Felipe Berríos llega como un tercer gran golpe para la comunidad jesuita. A pesar de que son 11 las denuncias por abuso sexual que han registrado en los últimos 15 años este caso ha sido diferente. No solo por lo mediático, sino porque el ex jesuita se auto denunció ante el Ministerio Público e inició un proceso civil en paralelo al canónico. Esto, dicen desde dentro, ha provocado un fuerte remezón para la Congregación.

“Quiero encomendar a Felipe y pedirle al Señor que le regale la gracia del reconocimiento del daño causado”.

Esas fueron las palabras del sacerdote Rodrigo Poblete durante la misa de las 11.30 del domingo 12 de mayo. Las palabras hacían referencia a Felipe Berríos, a quien el Vaticano sancionó la semana pasada con la suspensión del ejercicio sacerdotal, la prohibición de acercarse a menores y la expulsión de la Compañía de Jesús, tras una serie de denuncias de abuso sexual en su contra. La celebración de este sacramento se realizó en el gimnasio del Colegio San Ignacio El Bosque, construido por el hermano gemelo del exjesuita, Andrés Berríos, quien falleció el 20 de julio de 2023. Durante aproximadamente 13 minutos, Poblete detalló, en la prédica, el proceso en que está implicado Berríos y pidió primero por las ocho víctimas, luego por su familia y, por último, por el sacerdote, quien no quiso participar de este reportaje.

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OPINIÓN

Columna de Óscar Contardo: Buena prensa.

(Óscar Contardo. La Tercera).

La primera denuncia en contra de un sacerdote jesuita ante la Fiscalía ocurrió en 2005, en contra de Juan Miguel Leturia. El caso, sin embargo, fue cerrado por falta de mérito. Casi 20 años después, el expediente confirmó que el religioso habría abusado de al menos 60 adolescentes. Aunque después de la denuncia en Fiscalía hubo un proceso canónico interno que condenó a Leturia al ostracismo, la idea que perduró en la opinión pública fue que se trató de una acusación que no prosperó: la gestión de comunicaciones ejecutada desde la Compañía de Jesús fue impecable.

El historial de abusos dentro de los jesuitas tuvo escasa repercusión mediática durante décadas pasadas. El cura Jaime Guzmán Astaburuaga abusaba de estudiantes durante la confesión y los fotografiaba desnudos; lo hizo al menos desde los 80. Pese a las alertas, Guzmán mantuvo responsabilidades como “director espiritual” de jóvenes. Ese rol cumplió con el futbolista Raimundo Tupper, por ejemplo. Otro tanto ocurría con el jesuita Leonel Ibacache, quien abusaba niños durante la catequesis, y con Eugenio Valenzuela, quien fue denunciado por tres jóvenes que durante años fueron desoídos. Las denuncias en contra de Leturia, Guzmán, Ibacache y Valenzuela ya eran conocidas en 2010 por las autoridades de la Compañía de Jesús, es decir, el año en que las víctimas del sacerdote Fernando Karadima lograron hacer público el registro de abuso de aquel cura. Sin embargo, los jesuitas analizaban los crímenes de Karadima en la prensa como si ellos estuvieran libres de sospecha. Hasta 2017, nunca mencionaron los casos propios. Tampoco eran requeridos por los medios para responder por ellos.

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